17 septiembre, 2026

Día Internacional de la Igualdad Salarial

Aunque en Euskadi la igualdad salarial está protegida por convenios y leyes, la realidad laboral de las personas jóvenes muestra una verdad muy diferente. Hoy, 18 de septiembre, Día Internacional de la Igualdad Salarial, desde EGK queremos poner luz sobre la realidad de la juventud de Euskadi. 

 

Ser joven supone tener un sello de precariedad en el mercado laboral, pero cuando a esa juventud se le suma el ser mujer o tener una identidad o expresión de género no normativa, la brecha salarial deja de ser un mero dato abstracto: es un obstáculo estructural para emanciparse y construir un proyecto de vida digno. 

 

En 2025 las tasas de ocupación y desempleo de la juventud de entre 18 y 30 años en Euskadi fueron casi paritarias. Sin embargo, al profundizar bajo esa superficie, la desigualdad sale a la luz. Estas diferencias están estrechamente ligadas a las tareas de cuidados y a la socialización de las mujeres. Esta carga de cuidados empuja a las mujeres hacia el empleo temporal, las jornadas parciales no deseadas o a sectores feminizados y precarizados, condicionando por completo su carrera profesional y su independencia económica.

 

Esta brecha es aún más profunda cuando tenemos en cuenta a las identidades disidentes y a la juventud del colectivo LGTBIQ+. La mayoría de las estadísticas oficiales siguen invisibilizando estas realidades. No existen suficientes datos desglosados, pero las experiencias laborales demuestran que la discriminación oculta en los procesos de selección, el subempleo, una mayor precariedad laboral, la presión para ocultar la identidad y los entornos laborales no seguros son el pan de cada día para muchas personas. No se puede hablar de igualdad salarial ni de igualdad en general sin tener en cuenta la diversidad.

 

Desde el Consejo de la Juventud de Euskadi (EGK) queremos dejarlo claro: recibir el mismo salario por el mismo trabajo no es el objetivo final, sino la base mínima que debe establecerse. La igualdad real exige garantizar unas condiciones laborales dignas, impulsar la transparencia, realizar una regulación pública y equitativa de los trabajos de cuidados y construir espacios seguros libres de discriminación.

 

Nuestro trabajo vale lo mismo. Es momento de cortar la brecha y garantizar la emancipación de todas las personas jóvenes.

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