Gazteen EMANTZIPAZIOA edo Coca-Cola?

Gazteen EMANTZIPAZIOA edo Coca-Cola?

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Tribuna Abierta
¿Emancipación juvenil o Coca-Cola?

Por Iván Barrio Díez, técnico de Educación del Consejo de la Juventud de Euskadi (EGK).

La administración es el primer agente que debe comprometerse en dejar de referirse a la juventud en términos exclusivamente hedonistas e individualistas y empezar a considerarla como un colectivo potencialmente comprometido y maduro, capaz de dirigir su propia vida y de liderar proyectos socio-culturales que revierten en el bien de toda la sociedad.

No nos cansamos de escuchar en los medios de comunicación y en boca de las generaciones adultas frases y afirmaciones como “los jóvenes son malhechores y ociosos, ellos jamás serán como la juventud de antes, la juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura” o “nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad”. Las leo y en cierta manera puedo decir que alguna vez he pensado lo mismo y he criticado a las nuevas generaciones y elogiado tiempos pasados. Lo sorprendente y halagador es que la primera de estas dos afirmaciones estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia, y la segunda es de Sócrates (470-399 a.c.). Estas frases podrían ser perfectamente titulares de artículos de opinión o de reportajes en suplementos de domingo actuales de gente que lo sabe todo.

Los jóvenes siempre han sido hedonistas y comprometidos, individualistas y solidarios; sí amigos y amigas, tienen dos caras, las mismas que tienen los adultos. El problema surge cuando solo se muestra una de ellas, táctica muy extendida a la hora de hablar de ciertos sectores de la población.

Quizá esta imagen hedonista e individualista que desde los altavoces del mundo adulto se da de las personas jóvenes explique que, a menudo, los adultos y las administraciones quieran mejorar y gestionar la vida de las y los jóvenes… pero sin contar con los jóvenes, en lugar de dejar (y respaldar) que sean ellos mismos quienes la mejoren. Prueba de ello es probablemente la forma en que la administración pública concibe el apoyo económico al asociacionismo juvenil y el diseño de las partidas económicas.

Por un lado, hay muy poco apoyo económico directo al asociacionismo que trabaja en el ámbito local. Se trata de un tutelaje o paternalismo que infravalora interesadamente la labor del movimiento asociativo y la participación juvenil y genera una total dependencia de la administración. Si la administración cree realmente en la juventud, debería facilitar e impulsar el voluntariado juvenil en sus múltiples facetas (cultural, social, de tiempo libre, medio ambiental…). Esto se podría materializar apoyando las iniciativas y asociaciones juveniles ya existentes mediante convenios estables y ayudas directas, lo que evitaría a las organizaciones y personas voluntarias la ardua tarea de tramitar las subvenciones anuales y denotaría una apuesta real y un reconocimiento de los proyectos que surgen desde el propio colectivo joven.

Por otro lado, la administración debería premiar la labor voluntaria mediante incentivos y descuentos en servicios como el transporte o instalaciones deportivas, una manera de impulsar y legitimar socialmente la figura del voluntario y reconocerle tanto el valor social como económico de su trabajo (existen estudios muy interesantes sobre la cantidad de dinero que el trabajo de los voluntarios ahorra a las arcas públicas).

Pero, ¿cuáles son las políticas juveniles que se llevan a cabo desde la administración? Son mero folclore juvenil, tienen muy poco contenido. Son ofertas culturales y de ocio consumista en el que aparte de descuentos en el cine y albergues (algo que veo con buenos ojos) hay también en centros comerciales, centros de belleza, bisutería, ropa… ¿No sería mejor invertir en otras cosas? ¡Qué va! Mejor alentar al consumo de relojes y zapatillas que dar fuego a una realidad que no ayuda a la emancipación ni desarrollo personal de los jóvenes.

En realidad los departamentos de juventud, más que como tales, se comportan como el departamento de marketing de Coca-Cola. Y digo yo, ¿no están los jóvenes lo bastante bombardeados con anuncios e imágenes incitándoles al consumo? Pues sí. La administración debería, en vez de esto, pasar a dar herramientas que facilitasen primero la emancipación (entran en juego todos los departamentos, no solo el de juventud) para que luego pueda darse más efectivamente el empoderamiento de las personas jóvenes. Los gobernantes tienen que ayudarles a ser conscientes de su capacidad de acción y no criminalizarles cuando ocupan la calle para realizar un acto cultural, deportivo o de protesta.

Si tratas a una persona como si fuera débil, se comportará como tal; si la tratas como a una pasota y hedonista se va a convertir en una persona que no quiere asumir responsabilidades. Por ello, el primer paso para apostar seriamente por la juventud es dejar de referirse a ella en términos exclusivamente de ocio e individualistas y empezar a mirarla como un colectivo potencialmente comprometido y maduro. De esta manera, estaremos fomentando su empoderamiento, o sea, que sea un sujeto responsable y consciente de sus capacidades para poder desarrollarlas y convertirse en agente activo en la vida pública.

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